Noticia del » Diario de Córdoba» El Cruce de los Andes caminando

 

FUERON NUEVE PERSONAS DE VILLA MARÍA Y LA REGIÓN QUE SE DISPUSIERON A LA AVENTURA del Cruce de los Andes

Grupo de trekking local cruzó los Andes

Nota a «Mingo Medina» organizador de Apacheta Trek de Villa María, Córdoba y su tercer Cruce de los Andes con Andes Expediciones.

 

“La montaña tiene mucha pedagogía, la naturaleza en sí”, explicó Mingo Medina, quien ya realizó caminando el  Cruce de los Andes por tercera vez

Un grupo de trekking local se dispuso a la aventura de cruzar la cordillera de Los Andes. Fueron nueve personas de Villa María, Villa Nueva y Las Perdices quienes emprendieron rumbo hacia la cadena montañosa y atravesaron el caminando el paso Portillo-Piuquenes.

Mingo Medina, para quien fue su tercera vez en esta experiencia, dialogó con El Diario y comentó la travesía efectuada la última semana.

“Fuimos nueve personas que nos unimos a un grupo de diferentes puntos del país y nos encaminamos hacia la cordillera. En total, fuimos 30 personas entre arrieros y guías de montañas. Se terminó haciendo un grupo grande porque se precisa mucha gente para la logística, coordinar las acciones y quienes se encargan de las mulas y los caballos”, explicó Mingo.

A su vez, indicó que no es la primera vez que realizan salidas a la montaña, “es algo que hacemos habitualmente, pero el cruce a los Andes es un mayor desafío”.

“Perseguimos la ruta Sanmartiniana y esta vez fue distinto porque al estar cerrada la frontera con Chile, llegamos al hito fronterizo y debimos regresar”, relató Mingo y continuó: “El camino fue largo porque elegimos el paso Portillo-Piuquenes y el mayor trayecto del cruce se da en suelo argentino. Se trata de una antigua senda aborigen que se siguió usando siglos después en la comercialización y, posteriormente, San Martín la aprovechó para ingresar a parte de su ejército”.

En ese sentido, comentó que la travesía del Cruce de los Andes caminando, duro en total ocho días y los participantes tuvieron que sortear tres picos de cuatro mil metros. “Fueron 140 kilómetros entre ida y vuelta, pero el regreso fue muy exigente porque gran parte de esos kilómetros son en subida, en lo que se dice montaña en positivo y tienen mucho desnivel hasta bajar al campamento Yaretas, un lugar histórico desde donde nos recogieron”, precisó.

Por otra parte, Mingo mencionó: “Entre diciembre y marzo es la fecha recomendada y en la que está abierto el paso porque disminuye toda posibilidad de nevadas, son casi nulas y las lluvias. Sin embargo, tuvimos algunos percances y nos agarró un aguacero cosa que nos dificultó mucho porque las temperaturas en la cordillera son muy bajas. Mientras en Villa María hacían 40° C, allá estábamos en 0° C o -1° C”.

De hecho, “tuvimos que cambiar el cronograma y nos apuramos para llegar al Real de la Cruz, un destacamento militar donde pudimos resguardarnos del temporal”, puntualizó Mingo y añadió: “Allí, hay cuatro efectivos del ejército que están apostados durante esta época del año y actúan como una referencia y si hay situaciones complicadas de rescate”.

“Después de marzo, los militares son relevados y el paso fronterizo se cierra porque se llena de nieve y es imposible estar allí”, argumentó.

 

Preparación previa. Entrenamiento para el Cruce de los Andes

En cuanto a la preparación previa al viaje, Mingo resaltó que se realiza “ejercicio aeróbico, es decir, se trabaja mucho la resistencia en la distancia. Ponemos a trabajar el corazón a lo que dé, ya sea caminando o corriendo”. “Cada uno tiene su propio entrenamiento y si bien el cruce se puede hacer a pie o a caballo, hay un factor que a veces juega en contra por más que uno esté muy entrenado y es la altura”, indicó.

En ese marco, aseveró: “El organismo puede que no se adapte a la falta de oxígeno en la altura, no se acomoda o le demanda más tiempo. Entonces, surgen señales como pueden ser dolores de cabeza, náuseas o falta de oxigenación en la sangre”. “Son puntos que se deben tener en cuenta y evaluar si se va a poder seguir haciendo el cruce o no, porque son cuatro mil metros y hay gente que no la pasa bien y a la larga puede ocasionar problemas de salud”.

“No hay una edad recomendada, sí que sean mayores de 18 años con buena condición física. En nuestro grupo había una maestra, jubilada de 67 años que ya lo hizo por segunda vez, obviamente es alguien que está entrenándose permanentemente”, argumentó.

 

Ruta sanmartiniana

Es la tercera vez que Mingo atraviesa el paso Portillo-Piuquenes y explicó que persigue la ruta sanmartiniana. “La primera vez fue en homenaje al bicentenario de la campaña libertadora del Ejército de los Andes, en el año 2017”.

“La experiencia tiene una motivación muy fuerte porque soy muy apasionado del general San Martín y su historia, sobre todo la epopeya de lo que fue el cruce de los Andes”, dijo el aventurero y prosiguió: “Es importante transmitir lo que significó para nuestro país y la visión de América que tenía, junto a los valores que promovió su ejército”.

“Si uno se pone a ver entre medio de la grandeza de las montañas y pensar que en determinada fecha seis falanges con casi seis mil combatientes tuvieron que sortear la cordillera para poder liberar Chile, es una locura. En estos tiempos sería todo más sencillo, pero en esa época se necesitó de mucha valentía y de mucha organización y creo que a eso hay que mantenerlo presente”, exclamó.

En tanto, Mingo también se enfocó en la cuestión vivencial. “Durante el camino se generan muy lindas relaciones, es una vivencia comunitaria. Uno se encuentra muy limitado con todo y llega un punto donde no tenes ningún tipo de comodidad más que un plato caliente de comida, el resto te lo tenes que rebuscar”. “Estás rodeado de un silencio total y eso te ayuda de alguna manera a mirarte para adentro, a relacionarte de mejor forma con los demás, a ser más paciente”.

“La montaña tiene mucha pedagogía, la naturaleza en sí. Los paisajes que guarda la cordillera son increíbles, uno queda absorto entre la inmensidad”, finalizó.

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